ESCRIBO FANTASÍA Y NO TENGO UN MOTIVO CLARO PARA HACERLO

Escribo fantasía y no tengo un motivo claro para hacerlo. No pretendo evadir la realidad, ya que me siento a gusto en la que me tocó vivir, ni tampoco me he propuesto reinterpretarla usando alegorías. No intento transmitir códigos morales, ni alcanzar lo sublime. Nunca he buscado —no deliberadamente, al menos— retratar el camino del héroe, y tampoco he indagado en lo sobrenatural o en lo maravilloso como una forma de sustituir, sublimar o representar la realidad religiosa.

Tampoco lo hago para ganar dinero.

Escribo fantasía porque es el idioma en que mis sueños se traducen en mi mente. Nada más. Las ideas brotan sin que apenas pueda proponérmelo o evitarlo, se deslizan hacia la hoja en blanco con una ansiedad por momentos excelsa y por momentos demente. No siempre, debo añadir, terminan en la historia que yo habría querido para ellas. Son tantas, y tan variadas sus aristas, que me veo forzado a ordenarlas y estructurarlas, lo cual parece un contrasentido con la esencia más básica de la fantasía. Pero es la única manera de organizar lo infinito. Prefiero pensar en ese proceso como en el armado de un puzzle o en el descubrimiento de un gran fósil. La asombrosa criatura que retrata una o esconde la otra sólo se conoce realmente cuando las piezas son armadas.

Escribo fantasía porque los escenarios sobrenaturales han sido mi pasión desde que creí que, con una máquina del tiempo, podía traer a los dinosaurios a la vida o cuando aprendí que con mi imaginación puedo transformarme en un demonio capaz de volar, dominar el fuego y guardar secretos ancestrales.

Escribo fantasía porque siempre he sido un dragón y ahora puedo confesarlo sin temor.

Escribo fantasía porque amo la belleza sin nombre, porque me siento en contacto con la naturaleza cuando viajo a través los misteriosos lugares a los que cada nuevo libro me transporta, porque puedo conocer con mis propios ojos civilizaciones y culturas que jamás visitaría de otro modo.

Escribo fantasía aunque sé que voy contra la corriente, porque en Latinoamérica para ser reconocido debes sumergirte en el realismo literario.

Escribo fantasía porque me gusta reír con los personajes que estos mundos fantásticos me permiten concebir, sufrir con ellos, sorprenderme con sus delirios o con sus desesperadas decisiones en los momentos críticos.

Escribo fantasía y no tengo un motivo claro para hacerlo… porque tengo muchos.

Pero el más relevante de todos es que escribo fantasía porque me apasiona hacerlo. No sabría explicarlo de otro modo.

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